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Frases prohibidas: “Mi hijo no puede, no sabe hacerlo”

Educar, aprender y crecer implica correr riesgos, salir de la zona cómoda en la que nos sentimos seguros para poder progresar y llegar adonde no nos creíamos capaces de estar un rato antes. Enseñar a nuestros hijos esto, y confiar en su habilidad para aprender y para progresar, es fundamental para transmitirles seguridad en ellos mismos.

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Frases prohibidas: “Mi hijo no puede, no sabe hacerlo”

Educar, aprender y crecer implica correr riesgos, salir de la zona cómoda en la que nos sentimos seguros para poder progresar y llegar adonde no nos creíamos capaces de estar un rato antes. Enseñar a nuestros hijos esto, y confiar en su habilidad para aprender y para progresar, es fundamental para transmitirles seguridad en ellos mismos. Y para educar con amor y confianza en lugar de educar con miedo. Lo vemos con la historia de Iván, que no sabía nadar. 

En este curso escolar que empieza, los padres de Iván han decidido apuntar a su hijo a natación, porque con cinco años el niño apenas se atreve a meterse en el agua. En realidad, los padres tienen mucho miedo a que el niño corra riesgos en el agua, se tire al agua, se acerque a una piscina sin algún instrumento que le ayude a flotar… La primera vez que acuden a la clase, los padres ven cómo los otros niños nadan con soltura con poca ayuda, se tiran muy animados, y enseguida le dicen a la monitora, delante del niño:

-Uy. es imposible que Iván haga eso. Nuestro hijo no puede nadar así ni se va a tirar así nunca. Él no sabe. 

La monitora se pone a la altura del niño y le dice, aunque en realidad la frase se dirige a los padres:

-En mi clase yo no regaño si alguien se equivoca. Pero me enfado cuando alguien me dice que no va a hacer una cosa porque no sabe o no puede. Yo cuando nací no sabía nadar, ni hablar, ni andar. Y tú tampoco. Hay que aprender. Y yo sé que aprenderás a nadar. No tengas ninguna duda.

Entonces la monitora le guiña un ojo, le dice que coja el material que más le gusta y le deja elegir si tirarse a la piscina o bajar por las escaleras. Y le dice:

-Venga, campeón, ¡al agua patos!

Mientras Iván va entrando despacito en la piscina, la monitora les dice a los padres:

-Por favor, confiad en el niño. Sé que va a aprender a nadar. Tened calma, costará más o menos, pero va a aprender si confiamos en él y no le transmitimos miedo, ansiedad o nervios. 

Con un gesto amistoso, la monitora les invita a dejar al niño en clase y marcharse. Cuando se asoman por el cristal ven a su hijo que, con mucha precaución, va desenvolviéndose cada vez mejor en la piscina y parece disfrutar. Cuando Iván sale de clase su sonrisa de orgullo lo dice todo: ha logrado sentirse capaz de vencer un miedo y de disfrutar haciendo una cosa que pensaba (e incluso sus padres pensaban) que sería imposible para él. 


Imagen: Frank McKenna /Unsplash

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