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Frases prohibidas: “No llores, sé un hombre”

Un vídeo viral en el que un padre no deja a su hijo llorar mientras le están vacunando nos da pie para esta frase que poco ayuda a fomentar la educación emocional.

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Hay un gracioso vídeo viral circulando por la red desde hace tiempo en el que un niño pequeño al que le están vacunando demuestra que es muy valiente y reprime las lágrimas por el dolor de los pinchazos mientras una voz de hombre le dice: “No llores, di que eres un hombre”. Una escena que puede ser divertida pero que quizá no sea la más educativa: ¿Por qué los hombres no pueden llorar? ¿Es de verdad educativo enseñar a los niños a reprimir sus emociones?

Imaginemos la historia completa. Luis y Rocío van a llevar a su hijo Miguel a vacunar. Miguel tiene cuatro años y es la primera vez que se da cuenta de lo que supone que le pinchen. Preocupado, antes de ir al centro de salud, pregunta a sus padres si duelen los pinchazos. Y sus padres, que le quieren evitar el sufrimiento y piensan que lo mejor es quitarle hierro le dicen: “No, qué a, no duele nada. Tienes que ser muy valiente y no llorar, que ya eres todo un hombrecito. Y los hombres no lloran”. Claro, por mucho que le preparan, a Miguel el primer pinchazo le duele. Y el segundo. Y se le escapa alguna lágrima, pero su padre le recuerda que no debe llorar porque es un hombre. Aunque Miguel quiere llorar, se reprime porque no quiere disgustar a su padre y quiere ser un hombre. Los hombres deben ser fuertes, no demostrar emociones, no mostrar debilidades, eso cree su padre. Si sigue el consejo de su padre al pie de la letra, cuando Miguel crezca, no se permitirá llorar ni en las situaciones más tristes. le parecerá que llorar es una cosa de débiles y no se mostrará nada empático con las personas que manifiestan de este modo su tristeza.

Tal y como nos contaba Begoña Ibarrola, “la alfabetización emocional es una asignatura pendiente”. Y quizá este vídeo que se ha hecho tan viral sea un ejemplo de esta afirmación.

Cómo podrían haber afrontado los pinchazos Luis, Rocío y Miguel

Los padres le podrían haber preparado con serenidad y sinceridad, informando de que puede sentir dolor pero que se pasará pronto y que es necesario que le pinchen para evitar que se ponga muy malito. Le podrían haber reconocido el derecho a llorar, a sentirse triste y disgustado por el dolor y a demostrarlo. Podrían haberse puesto en su lugar y haber tratado de calmar su tristeza sin negar sus sentimientos o sin deslegitimarlos. Podrían haberle dicho que ser valiente no significa no tener miedo, sino afrontarlo. Y podrían decirle que llorar no es un signo de debilidad, sino de sensibilidad y humanidad.

 

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