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La adolescencia: esa etapa tan, tan…

No nos cansamos de decirlo: por difícil que parezca, disfrutar de la adolescencia de tus hijos es posible. María Ángeles Jové Pons, que estará con nosotros en Barcelona, nos da ideas para cuidar la relación con nuestros hijos en esta etapa que muchos tememos.
Herencia 1.4

7 herencias que puedes dejar a tus hijos

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La adolescencia: esa etapa tan, tan……

No nos cansamos de decirlo: por difícil que parezca, disfrutar de la adolescencia de tus hijos es posible. María Ángeles Jové Pons, que estará con nosotros en Barcelona, nos da ideas para cuidar la relación con nuestros hijos en esta etapa que muchos tememos.

Mi hijo pequeño tenía unos 15 años. Le miré atónita lo que estaba haciendo y le dije con los ojos abiertos como dos bombillas encendidas “Pero, ¡¿qué estás haciendo?!”. Mi hijo, sin perder la calma aunque con una mirada incomprendida, me dice “¡Mamá, soy un adolescente! ¿Sabes lo que es un adolescente? Un adolescente es alguien con granos en la cara, que a veces no piensa lo que hace y otras se raya hasta que le duele la cabeza y ¡está hecho un lío! ¿¡Vale!? ¿Te ha quedado claro?”. Me quedé muda. ¡Cuánta razón!

La adolescencia es una etapa llena de descubrimientos, de mucha intensidad, de confusión, de crecimiento (nuestros hijos dejan de ser niños pero no son adultos), cargada de cambios físicos y psicológicos. Hoy, recuerdo con nostalgia la primera vez que le vi esas piernas tan peludas, ¿cuándo habían aparecido tantos pelos? ¡No puede ser! ¡Sólo en una noche!

Es necesario que la familia se adapte pero no hay razón para que deje de ser una etapa maravillosa y, sí, también se puede disfrutar de los hijos adolescentes.

¿Qué va a agradecer tu hijo adolescente?

Que le reconozcas y valores. Tu hijo agradecerá (aunque solo te lo diga con sus ojos) que pongas atención en lo que si hace, si tiene, si funciona y no insistas en lo que no hace, no tiene y no funciona. He utilizado la palabra insistir, porque una cosa es omitir y otra muy distinta enfatizar o insistir que es lo que solemos hacer los padres hasta la saciedad. No subestimes el poder de resaltar lo positivo. Re-conocer es decirle a tu hijo que “lo conoces” y que valoras “lo que es”. Esto le anima a que se muestre. Si nos regala lo que ES necesita que se lo re-conozcamos para que siga mostrándotelo a ti y al mundo. Que se sienta más aceptado por lo que ES, y no por lo que HACE o por sus resultados. Dile que le quieres y celebra también sus aciertos.

Que respetes su intimidad. El adolescente reivindica su intimidad y su espacio. Es como si necesitara despegarse de ti para reunirse con sus iguales y así poder crecer con su propia individualidad. En cierto modo, desconecta con la vida familiar aunque eso no significa que no debamos prestarle atención. Todo lo contrario ¡Nos sigue necesitando! Busquemos un equilibrio entre sus necesidades de introspección y pasión por sus amistades, y, la participación familiar. ¿Cómo lo podemos hacer? Interésate por sus aficiones, gustos y hobbies. Que entienda que te importa lo que a él o a ella le importa. Escucha su música favorita, interésate por su equipo de fútbol (no hay nada mejor que padres e hijos compartan afición por el deporte), interésate de corazón por sus amigos. ¡Sus amigos son muy importantes! Es decir, que no intuya que hay detrás desconfianza o intento de control. Que vea que es un interés sincero por todo lo suyo.

Que le pidas opinión. Acostúmbrate a preguntarle. Pregúntale qué piensa y qué opina de los asuntos familiares y de cualquier tema en general, política, cultura, sociedad. Hazle partícipe de las decisiones de la familia que vea que es importante y se le tiene en cuenta. Te sorprenderás seguro y en sentido muy positivo. Es una muestra de confianza y una manera para que asuma también sus nuevas responsabilidades.

Que no le sermonees. Igual que nos ocurre a los adultos, no lo soportan y además es difícil que te escuchen. Cambia los sermones por historias personales con aprendizaje. Explícale situaciones que hayas vivido. Pregúntale que hubiera hecho él o ella en tu situación. Explícale qué hiciste, por qué lo hiciste, para qué lo hiciste, qué hiciste mal, de qué te diste cuenta con el tiempo, qué no volverías a repetir… Hazle partícipe de tus cosas. Explícale lo que te pasa,  lo que sientes, las dudas que tienes… Te sorprenderá el aprendizaje que haréis juntos y la complicidad que se creará entre vosotros.

Que le dejes que se equivoque y no le juzgues. Necesita probar, experimentar, acertar y equivocarse. Forma parte de su aprendizaje y necesita saber que confías en él/ella, que le crees capaz, que no le juzgas por sus errores y que si cae siempre te tendrá después si te necesita sin reproches, sin “ya te lo decía”, “ya te advertí”, “Ya sabía lo que iba a pasar”.

Que le pongas límites y además sepas pactar y ser flexible. Los límites siguen siendo importantes en casa. Ahora bien, respeta que está creciendo, que empieza a ser autónomo y necesita más libertad. Por ejemplo, hay margen para acordar horas de salidas y llegadas. Es decir, mayor flexibilidad en los horarios.

Que empatices con él/ella. Que sienta que te pones en su lugar, que lo comprendes. Y, ¡tengamos muy claro una cosa!, empatizar no significa que estás de acuerdo, significa que comprendes lo que siente el otro. Que no le ridiculices, ni le llames la atención en público. Que no quitas importancia a sus cosas ni a sus sentimientos. De lo contrario, encontrará una verdadera dificultad para expresar sus emociones y sentimientos. Lo que siente le pertenece solo a él/ella. No juzgues sus sentimientos.

Que te rías y muestres tu sentido del humor. Pueden estar riéndose a carcajadas con sus amigos y también obsequiarte la cara más agria pero no caigas en la trampa de la amargura, reírte con tus hijos es una de las cosas más mágicas que podemos hacer con nuestros hijos y con nuestros hijos adolescentes más. Si sabemos encontrar el punto por donde llegarles también con humor habremos ganado la batalla.

Que le pidas perdón. Cuando metemos la pata hemos de reconocerlo. No perdamos esta oportunidad de aprendizaje. Reparar la relación es fundamental. Si cuidamos la relación todo es más fácil y llevadero. Por eso, en AEIOU siempre decimos que la relación es lo primero.

¿Te animas a probar?

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