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Niños de alta demanda vs. niños mimados: cómo diferenciarlos

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“Das demasiada atención a tu hijo”, “es que si siempre que tiene una rabieta tú acudes, al final le vas a malcriar” o “lo que le pasa a tu hija es que está demasiado consentida”. ¿Habéis escuchado algunas de estas frases por parte de personas de vuestro entorno? Las madres y padres de niños de alta demanda las escuchan continuamente.

Seguramente, muchos de vosotros ya sois todos unos expertos en niños y niñas de alta demanda porque habéis visto la lista de vídeos que tenemos en nuestro canal de YouTube en los que la psicóloga Úrsula Perona nos explica todas las claves sobre este tipo de niños.

Pero para los que andéis un poco perdidos en este tema, uno de los puntos en los que Úrsula siempre hace hincapié es que los niños y niñas de alta demanda no son niños consentidos o malcriados, sino niños con un temperamento más difícil. Hasta aquí todo claro. Pero… ¿entonces cómo podemos saber si nuestro hijo o hija es de alta demanda o su comportamiento se debe a que les hemos consentido demasiado? Veámos las diferencias entre estos dos perfiles.

Las niñas y niños consentidos/malcriados

Para empezar, es importante dejar claro qué es lo que entendemos por niño/a malcriado o consentido. La sociedad suele etiquetar a los niños de esta forma cuando presentan malos comportamientos. Como nos cuenta Úrsula Perona, comúnmente solemos entender que los niños malcriados son:

  • Caprichosos.
  • Quieren que se concedan todos sus deseos, no toleran la frustración.
  • Actitudes tiránicas hacia sus padres o hacia aquellos que no cumplen sus deseos, hablarles mal, chantajes, fastidiarles…
  • Son egoístas, egocéntricos.
  • Con poca empatía, quieren obtener beneficios y no les importa demasiado cómo eso impacta en los demás.

Sin embargo, como bien sabemos, detrás de estos malos comportamientos suelen haber razones ocultas, motivos que están llevando a nuestro hijo o hija a tener esta determinada conducta.

Los niños y niñas de alta demanda

Sin embargo, Úrsula Perona nos explica que: “Un niño de alta demanda cuando tiene malos comportamientos o rabietas es porque no puede tolerar la frustración, no está relacionado con que se le haya mimado demasiado, sino con las características de su personalidad“, aclara Úrsula.

Entre estas características que menciona Úrsula Perona destaca la hipersensibilidad: “Son niños muy sensibles, que experimentan con gran intensidad las emociones, tanto las positivas como las negativas, y se desbordan. Por eso aparecen rabietas, gritos, llantos… porque no saben manejar las emociones”.

Pero, en cambio, “son niños y niñas muy empáticos, que cuando hacen daño a los demás se dan cuenta, que piden perdón, que sufren… nada que ver con estar malcriados”, explica la psicóloga.

Úrsula también apunta que “la otra característica que podemos distinguir en los niños de alta demanda es la necesidad de atención constante que reclaman, pero la reclaman por estas características de su personalidad que hablábamos: se sienten desamparados, solitos, dependen mucho del adulto… Todo esto causado por esa dificultad para poder gestionar las emociones. Por ejemplo, el aburrimiento no saben gestionarlo, por eso demandan constantemente que el adulto juegue con ellos”.

Como nos explica Úrsula Perona, “es cierto que si no se le acompaña de forma correcta, puede que aparezcan problemas de conducta cuando son más mayores. Esto se debe a que tienen un carácter fuerte y son muy perseverantes, saben muy bien lo que quieren y lo defienden con mucha contundencia”.

En definitiva…

A modo de resumen, Úrsula Perona aclara que “los niños de alta demanda son cariñosos, afectuosos, empáticos, sensibles, aunque puedan tener problemas de conducta derivados de su falta de capacidad para gestionar sus emociones, de su personalidad intensa y su temperamento fuerte”.

En general, desde la incomprensión de las personas que no conocen las características de los niños de alta demanda, desde fuera, “tienden a ver que los padres les miman demasiado o que está demasiado apegado a sus padres porque es un consentido, y nada tiene esto que ver con la realidad. La realidad es que el niño exhibe estas necesidades porque realmente las necesita, pero aún no ha madurado lo suficiente y, por lo tanto, no ha aprendido a gestionar correctamente las emociones que producen esas necesidades”.

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