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Buenos propósitos: eliminar las etiquetas de la educación de nuestros hijos

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Ya ha acabado la Navidad y mañana empieza el cole. Es el momento de volver a la rutina y no hay mayor reto que comenzarlo con buen pie y recordar los buenos propósitos que nos hemos planteado al pasar el año. Si eres de las personas que empieza el año con buenos propósitos, queremos ayudarte a conseguirlos. ¿Cómo? Compartiendo estos propósitos para que puedas alcanzarlos. ¿Te apetece contárnoslos? Escríbenos tu propósito a autores@gestionandohijos.com. Publicaremos los propósitos que más nos gusten a final de la cuesta de enero :). Y para animaros en este gran reto, hoy publicamos un ejemplo: María quiere dejar de usar etiquetas en la educación de su hijo Pablo, que tiene una energía inagotable.

María es madre de una niña de  10 años y un niño de 5. El niño de 5 años, Pablo, tiene muchísima energía y le encanta saltar en el sofá, correr por el pasillo, gritar, jugar a lo bruto… Es un niño que se centra en el cole pero que no para quieto en casa. Estas Navidades, han estado en casa de sus suegros, a los que la energía de Pablo les desquicia. Así que ha tenido que soportar que afirmaran categóricamente que es hiperactivo, que le llamaran bandido, malo incluso… Ahora, María ha observado que Pablo habla de sí mismo como malo, como si no pudiera hacer nada para evitar hacer lo que hace. Y, temiendo el peligro de las etiquetas en la educación de sus hijos, María se ha propuesto en este nuevo año dejar de usarlas. Es el reto que se ha planteado en el nuevo año, se trata de un objetivo concreto y que ella cree alcanzable. Y, como es consciente de la necesidad de poner en marcha un plan para poder alcanzar su objetivo, se ha planteado este, como si de un plan estratégico de una empresa se tratara:

Objetivo: Eliminar las etiquetas hirientes en la educación de los hijos, por dos razones: hacen daño y además resultan de muy poca ayuda a la hora de educar para propiciar un cambio de actitudes y comportamientos (María se ha dado cuenta de que su hijo se ve a sí mismo como un terremoto incorregible.

Pasos:

  • Explicar el plan a su hijo y negociar: María le quiere contar a Pablo que ella necesita que Pablo deje de saltar en los sofás y a correr por casa y le pedirá a Pablo ayuda para encontrar soluciones que los satisfagan. Así es como Eva Bach nos contaba que debía ser una negociación. Es muy importante contar el plan de manera asertiva, explicando cómo se siente María, pero sin descalificar o reprochar al otro.
  • Sustituir el “eres” por el “estás” o por el “te estás comportando”… Muchas veces María, desquiciada por las carreras de su hijo en casa, le suelta un: “Eres imparable”, “eres incorregible”, “qué terremoto eres”… Los efectos de estas frases no han sido muy positivos: Pablo ha seguido corriendo y María se ha seguido frustrando. María ha pensado que cuando Pablo esté muy inquieto, salte por los sofás o se ponga a correr por casa, en lugar de decir: “eres un terremoto”, “qué inquieto eres”, sería mejor decirle: “No me gusta que corráis en casa”, “Si saltas encima del sofá se va a romper”…
  • Ofrecer alternativas: Como Pablo tiene mucha energía y suele costarle calmarse, María ha comprobado que en su caso le encanta que María le cuente cuentos o que jueguen a un juego de mesa tranquilo. Así que María se muestra decidida a presentarle estas alternativas a Pablo antes que soltar “Es que no paras y me pones de los nervios”.
  • Ofrecer vías de escape que resulten aceptables a María. Pensando, pensando, María ha concluido que a su hijo Pablo le hace falta más parque, más calle y más deporte y que, si no pueden salir, una opción aceptable para ella es que baile. La música amansa a las fieras y el baile permite a Pablo sacar la enorme energía que tiene dentro.
  • Ver el lado positivo y manifestarlo: Pablo tiene muchísima energía y eso puede ser algo agotador y desquiciante, pero sin duda es algo muy bueno y admirable. Para variar, sería bueno, piensa María, decirle a su hijo: “Pablo, qué energía tienes, ¿me prestas un poco?”, “Como tienes tanta energía, a ver si eres capaz de ordenar todos estos juguetes antes de que suene la alarma de cinco minutos”…
  • Utilizar el humor y el optimismo: “Oye, ¿tú no tienes botón de apagado?”, “Me gustaría conocer el secreto de tu superpoder”…
  • Ofrecer a su hijo una nueva imagen de sí mismo: Esta idea aparece muy claramente en el libro Cómo hablar para que tus hijos escuchen y cómo escuchar para que tus hijos hablen, un libro muy recomendable. María se propone decirle a Pablo, cuando estén tranquilos leyendo: “Leerte cuentos en el salón es uno de mis momentos favoritos”, “Me encanta cómo bailas”. Incluso piensa hablar delante de otras personas de lo bien que se lo pasan con juegos de mesa, porque reconoce que Pablo le ha escuchado hablar de lo agotador que es, lo desquiciante que es…
  • Y ahora viene el “más difícil todavía”: María se plantea muy seriamente hablar con todo su entorno (familiares y amigos) para eliminar las etiquetas de la educación de Pablo y ofrecerle una imagen más positiva y matizada de sí mismo.

¿Qué os parece el plan de María? ¿Tenéis alguna idea parecida? ¡Mucho ánimo con la vuelta a la rutina y con vuestros buenos propósitos!

CADA LUNES Y JUEVES DEL 10 MAYO AL 10 DE JUNIO DE 22:00h A 23:00h

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