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Nutriscore, a examen

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Entre los lineales del supermercado a veces es difícil saber a primera vista qué producto es saludable y cuál no lo es. La clave estaría en leer las etiquetas de los productos envasados, pero estas no son claras y, a no ser que seas nutricionista, es casi misión imposible entender la información nutricional que aparece en ellas, lo que dificulta la tarea de elegir la opción más saludable o más acorde a nuestras necesidades alimentarias. Por no hablar de las estrategias de marketing que esconden alimentos malsanos detrás de envases que los hacen parecer saludables, o las diferentes formas que tienen de llamar los fabricantes a un mismo ingrediente para que no lo identifiquemos (es el caso del azúcar, que también aparece con nombres como sacarosa, fructosa, dextrosa, sirope de ágave, etc).

Ya en 2011, la Unión Europea expresó su voluntad de que la información nutricional de los alimentos envasados se presentara de una forma más clara y sencilla, fácilmente visible y destacada en la parte frontal del envase (y no en la trasera, como hasta ahora), sin embargo, no ha sido hasta ahora que se ha decidido a impulsar esta iniciativa en España. El Ministerio de Sanidad ha decidido recientemente apostar por el sistema Nutriscore, que ya utilizan países como Francia y Bélgica.

¿Qué es Nutriscore?

Nutriscore actúa como un semáforo nutricional: es un sistema de clasificación de 5 letras y colores, en el que la A de color verde oscuro es la mejor opción y la E roja la peor, pasando por la B, C y D.

Pero, ¿este sistema puntúa de forma correcta el valor nutricional de los alimentos procesados? Júzgalo tú mismo en la siguiente fotografía.

En esta imagen hay dos cosas que llaman especialmente la atención:

  1. Que la Coca Cola Zero esté situada dentro del semáforo en la letra B.
  2. Que el aceite de oliva esté identificado con la letra D.

Como afirma la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), que no ha tardado en desvelar las carencias de este sistema, “Nutriscore obvia aspectos nutricionalmente como el sobreprocesado de un alimento, asociado a una pérdida de fibra, proteínas, minerales o vitaminas y a un exceso de harinas refinadas y aditivos. Igual que ignora la presencia de edulcorantes, cuando se sabe que estos aditivos acostumbran a nuestro paladar a una dieta rica en azúcares”. Es decir, Nutriscore solo valora 5 cuestiones: azúcar, sal, grasas, grasas saturadas y calorías de un producto, dejando fuera otras de vital importancia.

La farmaceútica Marian García, más conocida como Boticaria García, publicaba en su web un post sobre Nutriscore en el que hablaba de sus principales ventajas e inconvenientes: “La principal ventaja es que muchos de los alimentos ultraprocesados ricos en azúcares y grasas van a tener puntuaciones del tipo D y E y será fácil identificarlos. Y no es poco. Es decir: una palmera de chocolate va a tener esa baja puntuación por muchos supuestos ingredientes funcionales que quieran añadirle y esto deja menos margen al marketing pseudocientífico. Por el contrario, el inconveniente es que hay algunos productos sobre los que se puede crear confusión. Por ejemplo, se está hablando mucho del aceite de oliva, que pueden tener baja puntuación al tener un elevado porcentaje de grasa. Un producto ultraprocesado puede tener la misma categoría del aceite de oliva y esto puede llevar a confusión”.

Como vemos, Nutriscore es una herramienta con carencias que, como podéis ver en la imagen que mostramos a continuación, son utilizadas por la industria alimentaria.

Esta imagen de un supermarcado la colgaba en su cuenta de Instagram el nutricionista y creador del movimiento RealFooding Carlos Ríos, que, además, afirmaba tajante lo siguiente: “El etiquetado Nutriscore recomienda productos azucarados como si fuesen saludables, confundiendo así a la población e impulsándolos a comer ultraprocesados insanos pensando que son sanos. Estos productos no pueden catalogarse como saludables cuando sus principales ingredientes son azúcares y harinas refinadas y cuando, bajo la evidencia científica, no lo son”.

Y este es el principal problema, que si antes de Nutriscore los consumidores nos sentíamos perdidos ante tal cantidad de productos y la dificultad de leer su etiquetado, este sistema, al obviar aspectos fundamentales y etiquetar como sanos productos que no lo son, o insanos alimentos que sí lo son (véase como ejemplo el aceite de oliva o el queso), puede confundirnos aún más.

El semáforo que deja fuera muchos productos sanos

Otro de los problemas podría ser que Nutriscore solo etiqueta con su semáforo productos procesados envasados, dejando fuera:

  • Los productos frescos: carnes, pescado, frutas verduras, legumbres
  • Los productos que solo tienen un ingrediente en su composición: vinagre, miel… siempre que no estén procesados.
  • Café, té, infusiones de hierbas y frutas.
  • Alimentos directamente suministrados por el fabricante o tiendas de minoristas en pequeñas cantidades (como los platos preparados).
  • Alimentos que se venden en envases de menos de 25 cm2: chocolatinas, chucherías, barritas de cereales…
  • Las bebidas alcohólicas.

El hecho de que no catalogue los productos frescos (que deberían llevar la letra A), según ha denunciado Carlos Ríos en sus redes, “no incentiva el consumo de los alimentos saludables que la evidencia considera como protectores para la salud como frutas, verduras o legumbres ni desincentiva el consumo de alimentos ultraprocesados”.

Pero, y entonces, ¿nos fijamos o no en este semáforo?

“Para minimizar los inconvenientes de Nutriscore es importante utilizar la puntuación solo para comparar los alimentos dentro de un mismo grupo. Es decir, no comparar la puntuación de un yogur con unos cereales, sino valorar las distintas valoraciones que tengan los yogures por un lado y las distintas valoraciones de los cereales por separado”, apunta Boticaria García en el artículo que mencionábamos anteriormente. La OCU añade lo siguiente: “Cualquier iniciativa en este sentido debería acompañarse de una educación alimentaria que nos ayude a interpretar el etiquetado nutricional (el que aparece en la parte trasera del producto), de modo que nos acostumbremos a consultarlo para hacer la mejor elección de compra en función de nuestras necesidades”.

Mientras en España hacemos las cosas mal y a medias (Nutriscore) en otros países no dudan en utilizar el etiquetado frontal negro con el que advierten de una forma clara y visible si un producto envasado es alto en calorías, azúcares o grasas saturadas.

Etiquetado de una lata de Coca Cola en México

Nota: Más del 40% de los niños españoles de entre 6 y 9 años presenta exceso de peso y obesidad, casi el doble que hace 20 años. Este problema aumenta significativamente el riesgo a contraer enfermedades y reduce sustancialmente la calidad de vida de quien las sufre. Por tanto, la forma de clasificar los alimentos parece fundamental si queremos facilitar a los consumidores el conocimientos de lo que come.

María Dotor

María Dotor

Periodista
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