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Educar es todo

¡Qué niño tan bueno!

María Soto nos cuenta la historia de Pablo, un niño al que todo el mundo llama bueno, menos sus padres, porque les interesa más escuchar, buscar soluciones y contar con la participación del niño en la familia que juzgarlo y etiquetarlo, aunque sea para bien.

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Pablo tiene casi 3 años y es un niño especial. Lo es para su madre, y para su padre, sus tíos, abuelos,etc. Le quieren infinitamente. Pero además de eso, es un niño “que gusta”. Es un niño que en cuanto sale de casa no para de escuchar : “¡Qué niño tan bueno!”

Pero no es bueno. Ni malo. Es Pablo.

En su casa no les gusta calificar o etiquetar. No juzgan “lo que son” por un comportamiento, sea acertado o inapropiado, no hablan de lo que “somos”, si no de lo que sienten, lo que les gusta, lo que hacen a lo largo del día, etc.
Por eso cuando él escucha esa clase de comentarios no sabe qué hacer, sonríe un poco “cortado” y sigue a lo suyo.

¿Y por qué es un niño “bueno”?

Sus padres creen que, aparte de tener un carácter sociable y afable, es un niño que está “tranquilo”, y con esto no quiero decir que no sea inquieto como el que más, sino que su comportamiento refleja seguridad. La Disciplina Positiva llegó a su familia cuando él tenía un año y medio. Desde el primer momento, y sin saber muy bien cómo hacerlo, sus padres intentaron poner en práctica algunas de las herramientas que consideraron que podían utilizar.

Lo que más les impactó fue el efecto de hacerle sentir “tenido en cuenta”. El sentido de pertenencia, motor principal de nuestra conducta según la Disciplina Positiva, fue la clave y el timón de su estilo educativo.

Le hacen partícipe de todo lo que se puede compartir con un niño de 33 meses y les gusta escucharle cuando le preguntan cómo se siente ante las cosas nuevas que va aprendiendo, lo que le sucede o lo que a él le gusta o lo que no. A Pablo le preguntan muchas cosas, porque sus padres saben que así le ayudan a pensar por sí mismo.

Es impresionante como una cabecita tan pequeñita puede llegar a las conclusiones a las que él llega, confiar en que los adultos que le rodean hacen lo mejor para él, compartir sus sentimientos (al menos los que a estas alturas puede reconocer), cómo tiene en cuenta en todo momento a su hermana pequeña, de un año (reflejo de cómo él se siente tenido en cuenta) y cómo la recibió al nacer, desde la protección y el cariño, aprendiendo de cómo sus padres le tratan a él.

Pablo no siempre ha sentido “pertenencia” de la misma manera. Sus padres han ido aprendiendo con él que cada fase de desarrollo trae unas necesidades nuevas. Cuando su hermana pequeña era un bebé y lloraba sabían que podía ser hambre o sueño, o quizás necesitaba que la cambiasen, pero Pablo ya no llora por esas cosas.
Sus padres saben que detrás de un comportamiento o actitud hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Tiene necesidades diferentes, y cuando siente que esas necesidades no están cubiertas, actúa , como cualquier otro niño, de manera “inapropiada”, no porque “se vuelva malo”, sino porque todavía no sabe hacerlo de otra manera.

La Disciplina Positiva ha conseguido en poco tiempo que sus padres puedan identificar esas necesidades detrás de cada comportamiento y por ello Pablo “es un niño bueno”, se han minimizado las “conductas inapropiadas”

A sus padres no les gusta nada que la gente le diga que “es muy bueno” y sobre todo delante de otros niños, porque saben que todos los niños son buenos, pero algunos no han aprendido todavía a comportarse según las normas sociales y por eso “son malos” o “maleducados” o “pesados” o “inaguantables”. Y saben que un niño no tienen por qué saber comportarse si nadie le enseña, si sólo se le juzga.

Pablo a veces no se comporta bien, a veces le cuesta entender los límites que sus padres marcan en casa, le cuesta de vez en cuando seguir alguna rutina y se distrae con facilidad si no presta atención. Grita y llora si se enfada. Es un niño como cualquier otro, que aprende cada día, que crece y que ayuda a sus padres a crecer porque ya no pierden tanto la paciencia con él. Han aprendido que desde su propio autocontrol pueden enseñarle a controlar sus sentimientos si así lo necesita y ahora se centran en soluciones ante cualquier problema. A Pablo no le castigan, en su casa opinan que los castigos sólo fomentan la rebeldía o el retraimiento, aunque puedan funcionar a corto plazo, saben que a larga es mejor centrarse en buscar una solución entre todos y no en hacerse pagar unos a otros aquello que “hicieron mal”, creen que eso es una falta de respeto.

No es bueno. Es Pablo. Y vive en una familia que le hace sentirse “tenido en cuenta”, que no le alaba constantemente, sino que le anima a seguir creciendo y sintiéndose seguro de sí mismo. Porque sus padres saben que las alabanzas pueden crear dependencia en un futuro y hacer que Pablo actue buscando aprobación, y no basándose en sus propias creencias y decisiones.

Pablo ahora ya ayuda en casa. Y ayuda de muchas maneras. Ayer contibuyó en la reunión familiar a encontrar una solución al problema del desorden en el baño y estableció una norma que a sus padres les gustó mucho. Él mismo ha escogido entre otras dos opciones que recogerá los juguetes de la bañera, y como él lo ha escogido, será más fácil recordarlo y cumplirlo. Le gustan las reuniones familiares porque siempre acaban con algo divertido,ayer hicieron juntos un dibujo.

Pablo no es un niño bueno. Es un niño de casi 3 años que aprende con sus padres a vivir felices en familia, y ¡eso se nota!


 

Imagen de portada: Max Goncharov /Unsplash.

Este texto se publicó por primera vez en el blog de la autora: Educa Bonito con Disciplina Positiva.

María Soto

María Soto

Experta en disciplina positiva
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