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Raquel de Diego: “Preguntarse para qué en educación hace pensar en lo importante que deseas que ocurra y evita la distancia emocional”

Raquel de Diego es responsable del proyecto de coaching familiar ConciliaFam, nos propone en esta entrevista dar todo el protagonismo a una pregunta poderosa: ¿para qué?
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¿No te suena diferente preguntar a tus hijos (y preguntarte) “¿por qué lo has hecho?” a “¿para qué lo has hecho?”. ¿Prefieres educar en base a un patrón que no es el tuyo o poner toda tu conciencia e intención? Raquel de Diego es responsable del proyecto de coaching familiar ConciliaFam, nos propone en esta entrevista dar todo el protagonismo a una pregunta poderosa: ¿para qué? Como dice esta experta, hacernos esta pregunta nos lleva a “saber que estamos en conexión con lo que pensamos, con lo que sentimos que nos hace bien y necesitamos en ese momento, nuestras necesidades”.

Siempre has defendido que la pregunta clave que tenemos que formular a nuestros hijos para hacerles reflexionar y educarlos es para qué y no tanto por qué. ¿Por qué (o para qué) es importante este cambio de perspectiva a la hora de educar y reflexionar con nuestros hijos?

La pregunta del “por qué” tiene su trampa mental. Realmente, nos lleva a pensar en lo que ya está “establecido”. Si nos sirve de ejemplo, en el colegio las preguntas de examen son formuladas mediante un “¿Por qué…?” en el enunciado, y se espera una respuesta correcta según lo estudiado, ¿verdad? Pues ocurre algo muy similar en nuestra mente ante cualquier otra pregunta. El “por qué” nos lleva a las creencias, a lo que pensamos o se nos ha dicho que debería ser. Por lo tanto se aparta de la reflexión y del motivo personal: de la intención.

¿Crees que es importante también como madres y padres preguntarnos “para qué” a la hora de tomar decisiones en la educación o afrontar cuestiones como rabietas, peleas de hermanos, desmotivación en estudios, etc.?

Claro que sí. Nosotros somos los primeros que debemos estar seguros de para qué hacemos las cosas, o al menos tener una idea de ello… En la crianza y educación de nuestros hijos e hijas, a veces podemos caer en la tendencia de “repetir un patrón” bien que nos han inculcado desde nuestra infancia, o aquello que nos han dicho algunas personas como consejo y hemos recogido como bueno (por el motivo que sea) para transmitírselo a nuestros hijos. Quizás por miedo a equivocarnos, o por seguir una misma línea y sentirnos orientados como madres y padres.

Y os invito a hacer una prueba. Si os preguntase ahora mismo: “¿por qué dirías que es adecuado o no castigar a tus hijos e hijas?”, es posible que vuestra forma de reflexionar sobre ello para dar una respuesta sea diferente a la pregunta así enfocada: “¿para qué crees que puede servir el castigo a tus hijos e hijas?”. ¿Te ha hecho pensar igual en un tipo de pregunta que en otro? Cuando trabajo con familias, a veces madres y padres tienen una idea muy concreta sobre lo que quieren que sus hijos logren y desde su propia forma de valorar la situación. Simplemente, cuando les pregunto “¿para qué crees que es bueno (añadiendo un para él o para ti) que ocurra esto de esta manera?” surge de repente un nuevo planteamiento. Las palabras quieren expresar casi por automatismo, pero al darse cuenta que la frase empezará por un “para” en lugar de un “porque” el cerebro empieza a pensar de otra manera, se cambia en patrón de respuesta y comienza a reflexionar desde ese otro lado que nos lleva el “para” o “dónde”… la mente busca un “hacia dónde se dirige esta acción”, o “este pensamiento a dónde me lleva”. Estamos buscando la verdadera intención de esa decisión, o de ese pensamiento o de eso que hemos verbalizado, cuál es su misión.

Y os invito a hacer una prueba. Si os preguntase ahora mismo: “¿por qué dirías que es adecuado o no castigar a tus hijos e hijas?”, es posible que vuestra forma de reflexionar sobre ello para dar una respuesta sea diferente a la pregunta así enfocada: “¿para qué crees que puede servir el castigo a tus hijos e hijas?”

Así, en nuestras decisiones diarias con nuestros hijos e hijas, al igual que en nuestro cotidiano, el hecho de que nos preguntemos más para qués que por qués, nos harán ser conscientes de, precisamente, esas decisiones, y cuál es su utilidad. Y, con convicción os aseguro que nos sentiremos más coherentes al final del día ¡con todas las decisiones que nos toca resolver cada día desde luego que merece la pena sentirse coherente!

¿Qué nos aporta el preguntarnos para qué cuando tomamos decisiones?

REFLEXIÓN. Nos aporta saber hacia dónde queremos enfocarnos: “¿para qué me sirve saber de esto?”. Es saber que estamos en conexión con lo que pensamos, con lo que sentimos que nos hace bien y necesitamos en ese momento, nuestras necesidades. Y es dirigirnos hacia un objetivo, o varios, que nosotros mismos hemos elegido. Somos quienes llevamos las riendas de nuestras decisiones y esto nos hace sentirnos más seguros y más capaces. Mas conscientes, en conclusión.

En tus sesiones de coaching familiar, ¿Es el para qué una de las cuestiones clave para invitar a reflexionar a las familias? ¿Qué consigue sacar un para qué en tus sesiones?

¡Sí! Este “para qué” hace que cambie el rumbo de hacia donde se dirigía una conversación, para que se convierta en una intención concreta. Y esto hace que se planteen nuevos objetivos, nuevas formas de llegar a algo. Un para qué nos saca de pensamientos automáticos:

  • Acuerdos: ¿para qué nos va a servir hacer o cambiar esto?
  • Logros personales o familiares: ¿para qué quieres escuchar con atención a tus hijos antes de ordenarles algo?
  • Estados de bienestar: ¿para qué vas a dedicarte 1 minuto a respirar de forma consciente antes de entrar en casa todos los días?
  • Desechar creencias limitantes: ¿para qué te sirve castigarle?

Evita también distancia emocional entre personas. Hace pensar en lo importante que deseas que ocurra, suples la capa que queda por encima para llegar a aquello que realmente quieres, a cómo acercarte a las personas, a evitar etiquetas, al “porque sí y punto”. El para qué en las sesiones crea un ambiente de silencio conciliador para convertirse en miradas de comprensión y de perdón, de sonrisas que quitan hierro, del “darse cuenta” y “volvamos a plantearnos esto”. En las sesiones por fin se hablan en un idioma de comprensión, desnudando a la razón para que aparezca la intención, que suele por fin alinearse con el objetivo compartido de convivir con más entendimiento y momentos para construir en grupo.

 

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