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Un niño que no explora es un adulto que no confía en sí mismo

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Hoy escribe en nuestro blog Alejandro Vera, especialista en apego y dependencia emocional, sobre los perjuicios de un estilo de crianza sobreprotector, un tema muy importante que nos preocupa mucho a las madres y padres.

Quiero comenzar este artículo compartiendo contigo un fragmento de la historia que me contaba una paciente en consulta hace unos días. Me contaba que durante esa semana, y antes de vernos, había tenido un accidente de tráfico.

Yo iba detrás, no estaba respetando bien la distancia de seguridad y el coche que iba delante frenó un poco y nos dimos. Fue un impactó bastante fuerte, pero me sorprendí mucho a mí misma por mi reacción. Supe mantener la calma, comprobé que yo me encontraba bien y salí a ver cómo estaban las personas del otro coche.

Siempre he pensado que soy una persona miedosa por lo de la ansiedad, pero el caso es que soy capaz de mantener el control de la situación.

Esto en psicología, es lo que llamamos una experiencia emocional correctora, es decir, algo que sucede que cambia nuestra formar de pensar y, por tanto, de sentir.

Por qué la sobreprotección es tan perjudicial

Rosa (nombre inventado), la paciente de la que te acabo de hablar, decidió acudir a mi consulta hace unas semanas aquejada de mucha ansiedad. Me explicaba durante las primeras sesiones que era una persona que sufría mucho por todo. Su entorno solía decirle que tenía que tomarse las cosas de otra manera, y ella pensaba, ¿y eso cómo se hace?

Su diagnóstico era, y es, el de un trastorno de ansiedad generalizada. Las personas que sufren el TAG suelen ser personas que tienen una mala relación con la incertidumbre. Se preocupan mucho por las posibles consecuencias de las cosas y necesitan tener todo bajo control. La razón por la que sufren tanto es porque una de las cosas que intentar controlar es el futuro, pero este no está escrito.

Cuando exploramos Rosa y yo su biografía encontramos juntos que desde pequeña se había criado en un ambiente sobreprotector, especialmente por su madre, que es una persona muy miedosa.

Desde pequeñita, Rosa recuerda la cantidad de cosas que le prohibían hacer. Ella me contaba:

Recuerdo que cuando era pequeña, tendría unos 12 años, el instituto organizó una excursión al parque de atracciones el último día del curso. Mi madre no me dejó ir, decía que era peligroso porque las atracciones no son fiables. Tenía miedo hasta del Sol, por si me daba un cáncer de piel.

Años después, cuando fui con mis amigos sin que ella lo supiera, no fui capaz de montarme en ninguna atracción que estuviese muy alta o que yo viera que iba muy rápido.

¿Entonces… no debemos proteger?

El caso de Rosa es un claro ejemplo de un vínculo de sobreprotección. Cuando criamos a nuestros hijos/as así conseguimos inculcarles la falsa creencia de que podemos controlarlo todo. No solamente que podamos, sino que debemos.

Por eso Rosa, de mayor, tiene la necesidad de siempre ir un paso por delante y cubrir, mediante el ejercicio de imaginación que hace su mente, miles de escenarios catastróficos.

Pero entonces como madres y padres, ¿no debemos proteger? ¿debemos fomentar el libre albedrío?

Por supuesto que no, no poner límites ni enseñar los peligros que existen sería uno de los peores tipos de negligencias a nivel de crianza. Lo que debemos hacer como padres es aprender a regularnos a nosotros mismos.

Para tener seguridad y soportar nuestra propia incertidumbre, en ocasiones y de manera inconsciente, limitamos a nuestros hijos. En el ejemplo de Rosa, no creo que su madre considerase de manera objetiva que el parque de atracciones es un lugar potencialmente mortal, aunque evidentemente entrañe sus riesgos, simplemente sabía que ella iba a sufrir pensando en qué tal estaría Rosa pasando el día en el parque.

Aunque un accidente nunca es motivo de festejo, para Rosa fue reconfortante darse cuenta que tiene capacidad de respuesta, y que cuando vienen los problemas, sabe improvisar y resolver. Esta sensación o creencia interna es la que anulamos cuando no permitimos a nuestros hijos o hijas explorar.

De modo que, si queremos tener adultos que confíen en sí mismos, necesitamos niños que exploren.

 

Alejandro Vera

Alejandro Vera

Psicólogo clínico y nutricionista.
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