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Escenas educativas 19: Yo antes (sobre)protegía a mis hijos. Hasta que leí esto

Un texto viral sobre una inusual entrevista de trabajo le ha llevado a Amparo a reflexionar sobre la necesidad de dejar de sobreproteger a sus hijos, porque, dice, así "los desprotejo".

Amparo nos cuenta cómo gracias a un texto viral que seguro que muchos conoceréis (un chico va a una entrevista de trabajo y le preguntan por la profesión de su padre) se ha replanteado la forma en que educa a sus hijos, especialmente en cuanto a la sobreprotección. Ya sabéis que si queréis compartir vuestra reflexión, podéis mandárnosla a autores@gestionandohijos.com

Gracias a Internet, podemos tener acceso a mucha información, muchos recursos y muchas historias que nos pueden inspirar a la hora de educar a nuestros hijos. Es lo que me pasó a mí con este texto viral, que conocí hace meses y que me ha hecho reflexionar sobre cómo educo a mis hijos. Siempre pensaba que para que fueran felices era mejor no exponerlos a nuestros problemas, que no me vieran llorar, que no perdieran tiempo ayudando para poder estudiar y jugar, que es lo que tenían que hacer. El texto, que creo que es anónimo, dice así:

“Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial e iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó:

-¿Recibió alguna beca en la escuela?

-No-respondió el joven
-¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? ”
-Si.-respondió.
-¿Dónde trabaja tu padre?
-Mi padre hace trabajos de herrería.

El director pidió al joven que le mostrara sus manos. El joven mostró un par de manos suaves y perfectas.

-¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo?
-Nunca, mis padres siempre quisieron que estudiara y leyera más libros. Además, él puede hacer esas tareas mejor que yo.

El director dijo:

-Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana por la mañana.

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta. Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos. Su padre se sintió extraño, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo. El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó.

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.
Después de limpiar las manos de su padre, el joven se puso en silencio a ordenar y limpiar el taller. Esa noche, padre e hijo hablaron durante un largo tiempo.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director. El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó:
-¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?

El joven respondió:
-Lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller. Ahora sé lo que es apreciar, reconocer. Sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia.

El director dijo:

-Esto es lo que yo busco en mi gente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas, y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida. Estás contratado.

Esta historia a mí me ha enseñado varias cosas:

  • Que mi labor como madre es que aprendan a vivir. Y sobreprotegiéndolos los estoy criando en un mundo de Yupi irreal que no se van a encontrar allá fuera, que los estoy desprotegiendo.
  • Que los estoy acostumbrando a pensar que el mundo debe ser más agradable para ellos, en lugar de hacer que reflexionen sobre cómo pueden hacer de este mundo un lugar más agradable. 
  • Que puedo estar contribuyendo a que sean egoístas, cuando lo que quiero es que mis hijos sean amables y generosos.
  • Que mi tendencia a sobreprotegerlos va en contra de su propia naturaleza. ¿Habéis probado a pedir a vuestros hijos colaboración en alguna tarea que sea de su interés? Yo sí, y he visto que sus ojos se iluminan, desean contribuir, ser importantes y útiles para nosotros.
  • Que el mundo requerirá de su esfuerzo, de su tesón, de su trabajo. Y mi deber es potenciar su esfuerzo y su tesón, no reprimirlo.

Por todo esto, en mi casa labores que antes eran cosa solo de papá y mamá se han convertido en tareas de todos. Porque como les digo a mis peques, todos podemos y debemos hacer algo para hacer de nuestra casa (y también del mundo) un lugar más agradable. ¡Así que manos a la obra!

 


Imagen: Working hands. Aaron Gilson /Flickr

 

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