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Por Amaya de Miguel

Gabriel García de Oro: “Queremos que nuestros hijos crezcan ganando siempre. Eso no es ser héroe, eso es ser leyenda”

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La ficción, ya sea en forma de cuentos o de películas, nos ayuda a acercarnos a la realidad y, desde esa distancia, sentirnos identificados con sus personajes. Es desde este punto desde el que nos invita Gabriel García de Oro, director creativo y escritor de más de 40 obras, sobre todo de literatura infantil y crecimiento personal, a iniciar el viaje de la educación junto a nuestros hijos. Y es precisamente el punto de partida de lo que nos contará el próximo 26 de noviembre en nuestro evento en Madrid.

 

En tu ponencia haremos contigo el ‘viaje de la educación’. ¿La educación es un viaje de aventuras, una fábula, una odisea…?

La educación de nuestros hijos es, efectivamente, un viaje. Uno de transformación en el que ellos van a tener que ir desde la persona que son aquí y ahora a las personas que quieren (y pueden) llegar a ser. En este sentido, para mí, es esencial el viaje del héroe de Joseph Campbell, donde se nos propone que todas las culturas, todas las epopeyas, todos los relatos mitológicos funcionan del mismo modo y tienen unas etapas similares. Da igual que hablemos de la Odisea o de Star Wars. En todas hay un héroe (o heroína) que tiene que ir avanzando y enfrentándose a obstáculos, retos y desafíos para desarrollar todo el potencial heroico que lleva dentro. Un potencial que, en muchas ocasiones (o en todas) ni el propio protagonista sabe que tiene. A mí, esto, me suena mucho a educar a nuestros pequeños héroes, aunque para ello, claro…

“Los que nos dedicamos a escribir para niños sabemos que los padres molestan y hay que quitárselos de encima para que el protagonista sea eso, protagonista”

Nuestro hijo es el protagonista de su aprendizaje. ¿Cómo podemos acompañarle sin caer en el error de asumir su rol?

Por eso he dejado en suspenso esta última frase. Porque hemos de tener clara una cosa: este viaje lo deben hacer ellos. Nosotros, los padres y educadores (aunque me temo que a los padres nos resulta un poco más complicado) debemos asumir que el héroe debe y necesita hacer el viaje por sí mismo. Debe equivocarse, levantarse, avanzar, enfrentarse, llorar y reír… Descubrir y alejarse, a veces despistarse… pero solos. Si te fijas, hay mucho de este esquema en la literatura infantil y juvenil. Y, ¿sabes qué pasa? Que los autores se ven obligados siempre a matar a los padres. ¿Cuántos son huérfanos? Muchísimos. Los que nos dedicamos a escribir para niños sabemos que los padres molestan y hay que quitárselos de encima para que el protagonista sea eso, protagonista. Esta palabra me inspira mucho en su origen etimológico, pues significa ‘luchador principal’. Así, si el protagonista debe ser el luchador principal, debe luchar él, no nosotros por él. ¿Nuestra principal misión? No entorpecer e inspirar.

En ocasiones intentamos que vivan las aventuras que nosotros no hemos vivido y que nos gustaría. ¿Es un error?

A mi modo de ver, esto está íntimamente relacionado con la reflexión anterior. Ellos, ellas… deben luchar por sí mismos. Una de las maravillas que sucede en las etapas del viaje del héroe y que se ve reflejado en miles de películas, es que el (o la) protagonista se va enfrentando a complicaciones progresivas. Esto es muy importante, ya que nadie, en su sano juicio, pone al héroe ante un desafío insuperable al principio de la historia. Por el contrario, poco a poco, va creciendo esa intensidad, esa dificultad en el reto. Eso tiene un sentido. Porque en cada desafío, en cada obstáculo (lo supere o no, porque los héroes pierden muchas veces), el protagonista aprende importantes lecciones que le servirán para afrontar el próximo obstáculo. Pero es él quien las aprende… recordemos esa frase tan maravillosa de ‘cuando el alumno está preparado, aparece el maestro’. Pue eso… Y en relación con vivir por ellos… Pues creo que ya te he contestado. No es nuestro viaje. No somos los protagonistas. Debemos, como mucho, ocupar otras posiciones en la historia.

 

¿Cómo podemos afrontar ese miedo que nos asalta cuando nuestro hijo ha de enfrentarse a lo desconocido?

A lo desconocido se va a enfrentar, seguro. Esa es la gracia del viaje de la educación. Y, como veníamos reflexionando… Pongamos un ejemplo: Harry Potter, que es un viaje del héroe de manual (y, claro, es huérfano, cómo no). Pues nosotros podemos ser sus mentores, como es Dumbeldore y Dumbeldore no viaja por él. Trata de darle herramientas, armas mágicas… él, puede mostrarle caminos y posibilidades, pero quien debe enfrentarse a todas las etapas del viaje es el propio Harry Potter. Por eso, nosotros debemos comportarnos como mentores. Y ya que estamos con esta palabra, me parece excepcional su origen. Méntor es el nombre con el que la diosa Atenea se presenta ante Telémaco, en la Odisea, para acompañarle en el camino en busca de su padre. Le acompaña, le influye positivamente, pero no lo teletransporta y fin. Nosotros debemos hacer lo mismo y esperar. Y confiar. Y estar allí, como los mentores, por si nuestro pequeño héroe necesita, en sus victorias o derrotas, consejo y orientación.

“No es nuestro viaje. No somos los protagonistas. Debemos, como mucho, ocupar otras posiciones en la historia”

Los relatos, cuentos, películas… ¿cómo pueden ayudarnos en nuestro día a día como padres?

De muchas maneras, sobre todo al ver cómo las historias, por más épicas y fantasiosas que sean, no se alejan tanto de nuestras propias vidas. Al desgranar una película que nos guste, veremos cómo actúa ese Dumbeldore o ese Obi Wan-Kenobi con Luke Skywalker o Musafa con Simba o Gandalf con Frodo. Veremos que sí, que los futuros héroes pierden muchas veces. Es en las derrotas donde se forjan y sacan lo mejor de sí mismos. El problema es ese. Queremos que nuestros hijos crezcan ganando siempre, acertando siempre, en un camino de rosas. Eso no es ser un héroe, eso es ser una leyenda. Y las leyendas no evolucionan y son un poco aburridas.

 

¿Y en el de nuestros hijos?

La ficción es la mejor manera de acercarnos a la realidad, porque tomamos distancia y podemos ver cosas que no sabemos ver en nuestras propias vidas, cuando somos protagonistas.

Pongo un ejemplo. Estaba yo viendo una película con mi hijo, una infantil. El protagonista tenía la habitación hecha unos zorros. Totalmente desordenada y caótica. Pues bien, él me dice si he visto eso, que cómo se puede tener así la habitación. Claro, yo me quedé alucinando y le dije que cómo creía que tenía él la habitación. Se quedó pensativo. Lo que vio de aquel protagonista no le gustó y, al levarlo a su vida, tampoco le gustó lo que veía. Así que, durante algunas semanas la tuvo bien ordenada… luego se pasó el efecto, me temo.

Pero ésa es la lección. Yo, a veces, le digo que cuando dude en cómo debe actuar piense en que esa situación es una película y que reflexione cómo le gustaría que reaccionara el protagonista. Porque esa será una buena respuesta, seguro que será una buena manera de actuar. A todos nos gustan los héroes. Nadie, creo, piensa en ser un villano… ni los propios villanos piensan que lo son. Y ese es un punto interesante para tratar con nuestros hijos. Si tomas distancia, si reflexionas y te ves desde fuera, puedes darte cuenta… Y darse cuenta es la mejor manera para aprender por ti mismo e incorporar nuevas herramientas con las que seguir avanzando y enfrentar nuevos desafíos.

 

Si quieres ver a Gabriel en directo y a otros cinco ponentes más en un evento presentado por Lucía, mi pediatra y a Leo Farache no te quedes sin tu entrada. La puedes conseguir aquí.

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