La maternidad sobre exigente

Son muchas las mamás que sienten que su maternidad es una carga muy pesada de llevar y les cuesta ver el lado más amable.

Las mujeres, al convertirse en madres, se autoexigen demasiado por querer cumplir con sus expectativas (en muchas ocasiones nada o poco realistas o ajustadas a su vida) o con lo que creen que socialmente se espera de ellas para cumplir con el standard de buena mamá.

La saturación de información a la que se expone una mamá primeriza es brutal. La proliferación y el crecimiento de las redes sociales han contribuido a ello.

Una mamá que sostiene a su primer bebé en brazos o se entera que está embarazada necesita informarse de cómo hacerlo, de qué es lo mejor, de qué necesita saber y comprar… es normal. Hay miedo, hay mucha responsabilidad y, en ocasiones, una mochila de experiencias con su propia crianza que no quiere volver a repetir. Por este motivo, lee todo lo que cae en su mano, se apunta a un montón de cursos y formaciones, se compra lo último de lo último… pero se olvida de su instinto, de que está preparada, de forma natural,  para hacerlo bien.

A veces necesitamos parar para escucharnos y sentirnos. ¿Cuáles son los valores sobre lo que quiero sostener mi crianza y mi maternidad? ¿Se están cumpliendo? ¿Qué falta para que eso ocurra?

“Para dejar de exigirnos necesitamos dejar de compararnos con otras mamás y con otras formas de maternar”, Teresa Jiménez

Si no nos planteamos cuál es nuestro punto de partida, lo básico para poder tener una crianza consciente y coherente, respetuosa con nuestras criaturas y una misma, nos liamos con mucha teoría e ideales que nos resultan difíciles de cumplir. Ahí es donde la culpa ataca y nos hace creer que no somos buenas madres o que lo estamos haciendo mal.

Para dejar de exigirnos necesitamos dejar de compararnos con otras mamás, con otras formas de maternar que quizá no encajan con nosotras y buscar la nuestra, la que cumple los requisitos para hacernos sentir bien, en equilibrio.

Busquemos una maternidad más sencilla, sin tanto “hacer”, que permita más presencia y menos exigencia.

Cuando esto no sucede, elaboramos largas listas de “to does”, que son infinitas porque siempre vamos añadiendo actividades que creemos imprescindibles. Tareas que, por otro lado, suelen estar relacionadas con la casa, para los niños (aunque no elegidas por ellos o realizadas con ellos como pueda ser jugar o compartir tiempo de calidad), para agradar a otras personas (cuesta poner límites y decir no), pero casi nunca algo para ti, de autocuidado consciente (del que te hace sentir bien).

“Esta forma de sobrellevar la maternidad genera un gran desgaste emocional y mucha carga mental”, Teresa Jiménez

Esta forma de sobrellevar la maternidad, mantenida en el tiempo, genera un gran desgaste emocional y mucha carga mental. En casa aumentan los conflictos con los hijos, la pareja, contigo misma y dejas de ver el lado bonito, sientes que todo son peleas y que nada de lo que haces merece la pena.

Te invito a reflexionar sobre si la maternidad que llevas es la que deseas. Si no es así, busca el por qué para poder actuar y cambiar aquello que necesites. Si hay pareja, lo ideal es hacerlo juntos para sentar unas buenas bases y unos valores sobre los que construir juntos vuestra familia. Por último, piensa que buscar ayuda profesional puede ser la mejor opción. Revisar nuestros patrones heredados, sanar las heridas de la infancia y cuestionar las creencias limitantes pueden ser un buen comienzo para dejar de sobre exigirnos y buscar la perfección aprendiendo a vivir con más serenidad y consciencia tu maternidad.

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