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Mi hijo siempre cede, ¿debo ‘corregir’ esta conducta?

Aunque al principio puede parecernos algo positivo, porque evita muchos problemas, los niños deben aprender a decir 'no' y a poner límites
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¿Te has dado cuenta que alguno de tus hijos siempre cede cuando juega con sus hermanos? ¿También lo hace cuando está con sus amigos? Aunque al principio podamos verlo como un gesto positivo (‘Mira que bueno es este niño’) y le ahorre muchos problemas en sus relaciones, es muy importante que los niños aprendan a decir ‘no’ y a poner límites cuando se relacionan con los demás.

¿Por qué cede siempre un niño?

Hay niños que ceden siempre. Muchas veces son los hermanos mayores, que ceden para evitar conflictos con el pequeño, bien sea por empatía, bien sea porque los padres se lo pedimos. También hay niños que ceden ante sus amigos y juegan a lo que los demás proponen al ver que sus ideas no son puestas en práctica.

Ceder es un gesto de generosidad, lo que hace que muchas veces las madres y padres lo aplaudamos. Sin embargo, “el niño que empieza cediendo en el parque puede terminar cediendo en su puesto de trabajo o terminar con una pareja dominante haciendo lo que siempre le han aplaudido: ceder y someterse a la voluntad de los demás”, nos dice la mentora de familias y autor del libro ‘Relájate y educa’ Amaya de Miguel.

“Lo ideal es que un niño aprenda a vivir en un equilibro entre lo que da y lo que recibe y aprenda a poner límites a otras personas”

Amaya de Miguel – Mentora de familias

“Lo ideal es que un niño aprenda a vivir en un equilibro entre lo que da y lo que recibe. Aprenda a poner límites a otras personas y se esfuerce por conseguir lo que realmente desea, dándose cuenta de cuando sus objetivos son importantes y, por tanto, no puede ceder, y cuando ceder es mejor para todos”, nos recuerda Amaya. Este equilibrio redundará en relaciones sanas y satisfactorias.

Y yo, ¿cedo siempre?

Amaya, en su libro, nos invita a hacer un ejercicio de introspección: mirar dentro de nosotros mismos y cómo son nuestras relaciones con los demás, y a preguntarnos lo siguiente:

  • ¿Cedo siempre? O por el contrario, ¿no cedo nunca y estoy rodeado de personas que siguen mi voluntad y ceden?
  • En mi hogar, ¿todas las voces son escuchadas?
  • ¿Los adultos exponemos nuestras ideas, deseos y objetivos y los discutimos sin agresividad?
  • ¿Hablo de mis necesidades y objetivos, o me callo siempre?

“Los padres somos el modelo que siguen nuestros hijos. Si nosotros somos personas que cedemos siempre o en nuestra casa hay una persona que cede y otra que marca las reglas, ese es el modelo que aprenden nuestros hijos”.

“Un modelo de convivencia tan desequilibrado en el que hay una persona que siempre cede y otra que no lo hace nunca, produce rencor en una de las dos personas y aislamiento en ambas. Los miembros de la pareja se alejan y con frecuencia ambos se sienten heridos: el que cede porque siente que vive una relación injusta, y el que no cede, porque siente que siempre se merece más y no recibe lo suficiente”.

La clave está en la asertividad

La asertividad es una forma de comunicación que consiste en defender nuestros derechos, expresar nuestras opiniones y necesidades y realizar sugerencias de forma honesta, pero sin caer en la agresividad o la pasividad, respetando a los demás y, sobre todo, respetando nuestras propias necesidades.

La mayoría de las personas aceptamos pasivamente situaciones con las que estamos disconformes o que nos hacen sentir mal y, cuando lo hacemos, perdemos el respeto por nosotros mismos. Esto sucede hasta que llegamos al límite y estallamos de ira contenida, lo que a menudo tiene unas consecuencias mucho peores.

Claves para enseñar a nuestros hijos a ser asertivos

La asertividad no es una cualidad con la que nazcamos, la asertividad se aprende, se entrena. Nosotros, sus padres, somos los “entrenadores” de nuestros hijos, los encargados de trabajar y fomentar su asertividad. Para conseguirlo, podemos poner en práctica las siguientes claves que nos da la pedagoga Eva Bach en su libro ‘Asertividad’ y en curso ‘Educar en inteligencia emocional’ de la plataforma Educar es todo.

Ser un buen ejemplo

Nuestros hijos nos tienen de ejemplo para todo. Si queremos que nuestros hijos sean asertivos, debemos mostrarnos nosotros como modelo de asertividad, pero también en nuestra forma de relacionarnos con ellos. A menudo, los adultos enseñamos a los niños que no está bien contradecir a los padres, familiares y profesores. Esa idea arraiga en nosotros y se convierte en una voluntad inconsciente de intentar complacer siempre a los demás para evitar confrontaciones o sentimientos de culpa.

Facilitar un buen clima de comunicación

Nuestra casa debe ser un lugar sin juicios, donde nuestro hijo pueda expresarse sin miedo.

Enseñarles a comunicar lo que sienten sin dañar a nadie

Podemos expresar nuestras emociones siempre teniendo presente al otro, es decir, empatizando con los demás.

Aceptar que pueden estar equivocados

Siempre pueden expresar su opinión, pero eso no significa que lleven razón. Hay que enseñarles a respetar la opinión de los demás y que muchas veces vamos a estar equivocados.

Mostrarles los beneficios de decir no

Poco a poco irán viendo que, para ser una persona completa, hay que tener criterio propio y pensamiento crítico. Decir no les servirá para sentirse mejor con ellos mismos.

Potenciar su autoestima

Muchas veces no se atreverán a decir ‘no’ porque tienen un autoconcepto de ellos mismos muy bajo. Por eso, reforcemos su autoestima, por ejemplo, cambiando expresiones negativas como “no te has atrevido a hacer eso” por “qué bien que con tu esfuerzo has mejorado desde la anterior vez y has dado un paso adelante”.

Trabajar las situaciones complicadas con ellos

Si sabemos que a nuestra hija le cuesta decir no a los demás o expresar sus necesidades y, a causa de ello, acaba cediendo siempre, podemos ayudarle reproduciendo una situación difícil. Por ejemplo, podemos hacer un teatrillo en el que nosotros seamos la amiga para que ensaye cómo le va a decir al día siguiente en el recreo que no quiere jugar a la goma, que prefiere jugar a la pelota.

Plantearles retos

Podemos invitarla a llevar a cabo pequeños retos diarios. Cuando la dejemos en el colegio por la mañana la retamos a que por la tarde, cuando vayamos a recogerla, nos tiene que contar a quién le ha dicho a qué quería jugar en el recreo.

María Dotor

María Dotor

Periodista especializada en educación y crianza
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