Alta demanda y alta sensibilidad en niños: ¿existen estas etiquetas?

Me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre las ‘etiquetas y apellidos’ que ponemos a los niños y niñas. Debemos ser muy cuidadosos a la hora de catalogarlos porque este sobrenombre puede acompañarles toda su vida influyendo incluso en el discurrir de ésta. Así que al hablar de la Alta Demanda en un niño no debemos hacerlo a la ligera.

Pero una vez dicho esto, estas “etiquetas” también nos pueden ayudar mucho a la hora de RE-conocer, es decir, volver a conocer a alguien o incluso a uno mismo. Para conocer algo (conocer= tener información o conocimiento profundo y con experiencia directa sobre algo), primero tenemos que observar y hacernos preguntas sobre ese algo. Y la experiencia directa que tengamos en esa labor de observación y reflexión, es la que nos traerá respuestas.

 

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Normalmente cuando una familia acude a mí en relación a la Alta Demanda o Alta Sensibilidad, lo hacen buscando ayuda para encontrar respuestas a esa observación y reflexión sobre su hijo o hija. Pero lo que realmente hay detrás es una necesidad de validación. Validación en la sospecha que ya tienen de que su hijo en cierto modo es especial y, sobre todo, de que su crianza entraña desafíos que otras crianzas no enfrentan. Y aquí sí que las “etiquetas” cumplen un servicio importantísimo. El de reconocer a esa familia el esfuerzo que está haciendo a la hora de detectar, comprender y satisfacer las demandas de su hijo.

Esa “etiqueta” permite nombrar “algo” que está ocurriendo y todos sabemos que las cosas que no tienen nombre, es como si no existiesen. Y cuando “algo” parece que no existe porque no lo nombramos, tampoco se puede reconocer y ni aceptar. Así que las “etiquetas” al fin y al cabo nos permiten aceptar. Y sólo aceptando podemos trabajar y construir sobre ese “algo” que antes de nombrar ni existía.

Por tanto, sólo al nombrar la Alta Demanda y/o la Alta Sensibilidad, podemos validar esa crianza en cierto modo diferente que los padres están afrontando. Cuando nos validan y nos reconocen, podemos sentirnos comprendidos y además, empezar a comprendernos a nosotros mismos. Es liberador que nos digan que tenemos razón, que lo que estamos atravesando tiene sus dificultades y que nosotros no somos culpables de esas dificultades. Es en ese momento en el que las dificultades pueden transformarse en desafíos y aquí, una vez más, las palabras importan. A los desafíos nos enfrentamos con ilusión y con la intención de dar lo mejor de nosotros. En cambio, a las dificultades nos enfrentamos con miedo y poca esperanza.

 

Las necesidades de un niño de Alta Demanda

Creo que lo que más distingue la crianza de los niños de Alta Demanda es que precisan una mayor inversión de TIEMPO Y ATENCIÓN por nuestra parte, sus familias. Además de nuestra presencia, van a requerirnos “en modo atención plena”. Es decir, no basta con la simple presencia, van a necesitar una presencia consciente, “en cuerpo y alma”. Y además, esa presencia consciente la solicitan no sólo durante el día sino también durante la noche en sus primeros años de vida.

Digo “en cuerpo y alma” porque sus demandas, que no son otra cosa que NECESIDADES, nos requieren física y emocionalmente presentes de una forma casi continua. Y mantener este nivel de implicación de forma sostenida los 365 días del año, puede ser bastante agotador para sus familias. Por este motivo creo que es tan importante la labor de concienciación, aceptación y aprendizaje sobre el rasgo temperamental de su hijo. El conocimiento da poder. Y en este caso el poder se transforma en bienestar porque elimina la sensación de culpabilidad que los padres puedan sentir por no saber satisfacer esas necesidades. Conocer el rasgo puede transformar la forma en la que esos padres ven a su hijo: “de niño tirano egoísta y egocéntrico a niño incomprendido incluso por sí mismo”.

 Si hay alguna palabra para mí que define al niño de Alta Demanda y/o Alta Sensibilidad es la de INTENSIDAD. Es cierto que ahora mismo estás leyendo la palabra Intensidad y estás conectando sólo con su parte negativa. Pero si te paras un poco a reflexionar, podrás intuir que vivir con Intensidad nos puede hacer llevar una vida más plena y con sentido más profundo. Así que si puedes, te aconsejo que participes tú también un poco de esa Intensidad que nos transmiten estos niños porque tienen mucho que enseñarnos.

Todo en estos niños es intenso. Tienen necesidad de contacto físico casi permanente en sus primeros años de vida. Su alimentación también puede incluir desafíos: son lactantes que hacen tomas más largas y frecuentes o niños muy selectivos a la hora de comer o con gran ansiedad por la comida. El sueño puede ser un caballo de batalla en casa: suelen tener dificultades y requerimientos especiales para conciliar el sueño, muchos despertares, sueño inquieto y en general duermen menos horas. Acostumbran a pedir ayuda incluso para cosas que saben hacer solos porque muchas veces INTERPRETAN LA SATISFACCIÓN DE SUS DEMANDAS COMO GESTOS DE AMOR. También pueden ser intensos en el aspecto motor y verbal, dejando poco espacio al silencio y el reposo. Suelen ser muy inquietos mentalmente y buscan la reflexión profunda y el aprendizaje de una forma voraz. Pero lo que principalmente les caracteriza es su SENSIBILIDAD y la INTENSIDAD también de sus emociones: su llanto desesperado pero también su risa contagiosa, su frecuente irritabilidad e insatisfacción frente a su alta capacidad de disfrute, el miedo que a veces les paraliza frente a sus ganas de probar nuevas experiencias, su capacidad de abstracción frente a su empatía y don para captar el lenguaje no verbal y las emociones del otro,…

 

Desde cuándo podemos apreciar estos rasgos

Ya desde los primeros meses podemos percatarnos de que son niños que requieren una crianza de aún mayor dedicación que la habitual. Llama la atención su respuesta incrementada a todo tipo de estímulos sensoriales: la temperatura ambiental o de nuestras manos al tocarles o del agua del baño, la sensación de desamparo al quedarse desnudos, lo que parece un sentimiento de abandono al intentar dejarles en la cuna o en el carro, la sobreestimulación después de salir a la calle o ir a la compra, la necesidad de estar en brazos en contacto continuo con tu piel, las tomas eternas y frecuentísimas, la dificultad para establecer rutinas, el llanto inconsolable sin causa aparente,…En principio podríamos estar hablando de cualquier recién nacido normal, pero cuando esto se va prolongando en el tiempo, sobre todo más allá de los 3 meses de vida, es una posible pista.

El término de Alta Demanda lo vamos a emplear sobre todo en niños hasta los 3-5 años y podría ser el preludio o las primeras señales de una Alta Sensibilidad. La Alta Demanda, la Alta Sensibilidad y las Altas Capacidades en algunos casos pueden ir de la mano en un mismo niño. Por eso es difícil hablar de una de ellas sin nombrar a las otras. Pero no todos los casos de Altas Capacidades han tenido un temperamento de Alta Demanda en su primera infancia ni todos los bebés de Alta Demanda serán ubicados posteriormente en el terreno de las Altas Capacidades.

 

La autonomía en estos niños

Los bebés que muestran un temperamento de Alta Demanda llegarán a ser niños autónomos e independientes si no se interpone en su camino algún problema de salud física o mental añadido que se lo impida. Aquí vuelvo a incidir en que la Alta Demanda no es ni mucho menos un trastorno o una enfermedad.

Sí es cierto que en todo bebé de Alta Demanda se debe descartar que ese temperamento no se deba a un problema de salud que esté ocasionando esos trastornos del sueño, esa irritabilidad, esos desafíos con la alimentación. Es cierto que en mi experiencia profesional, sí han sido muchos los casos de bebés que cambiaron por completo su temperamento al resolver problemas de salud, principalmente alergias alimentarias no Ig E mediadas. Este tipo de alergias que a veces la gente conoce como intolerancias, pueden manifestarse ya en los primeros días de vida de un bebé incluso si este recibe lactancia materna exclusiva. Por este motivo, es importante que los bebés con estas característica sean valorados de forma temprana por un especialista en Alta Demanda y en alergia gastrointestinal.

Y en los niños más mayores, a veces la Alta Sensibilidad podría confundirse con un trastorno de espectro autista o un trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Es importante conocer todas estas entidades para poder hacer un diagnóstico diferencial en caso de dudas.

Un niño de Alta Demanda que disfrute de un buen apego con sus cuidadores principales en absoluto tiene por qué convertirse en un adulto más inseguro que los demás. El peso del vínculo que creamos con nuestros hijos es determinante a este respecto. Una crianza respetuosa nos ayudará a establecer un apego seguro como mejor garantía para la construcción de una buena autoestima.

 

Las relaciones sociales en niños AD y AS

El tipo de relación que establezca el niño con sus iguales no va a ser evidente hasta más allá de los 3 años de vida. Elaine Aron, quien acuñó el término de Alta Sensibilidad y dedicó su carrera a estudiarlo, distinguía entre los que eran introvertidos, extrovertidos, los “high sensation seekers” o buscadores de sensaciones y los “strong willed” o “de voluntad firme, obstinados o de carácter fuerte”.

Por tanto, en contra de la idea imperante en la sociedad, no todos los niños altamente sensibles son introvertidos en la relación con sus iguales.

 

¿Cómo se trata?

 La Alta Demanda no es una enfermedad ni un trastorno que debamos tratar. Es un rasgo temperamental o de la personalidad.

Yo creo que una de las misiones que todos traemos a esta vida es la de aprender a querernos, a cuidarnos y a sacar lo mejor de nosotros. Y lo mismo ocurre con la Alta Demanda y la Alta Sensibilidad.

Sólo habrá que “tratar” aquellos casos en los que el temperamento de alta demanda responda en realidad a una condición de salud que se pueda tratar y mejorar como es el caso de las alergias alimentarias por ejemplo.

En el caso del rasgo de Alta Sensibilidad, es cometido de los padres, profesores, profesionales de salud y demás personas que acompañan a la infancia, ayudar a los niños a conocerse para poder cuidarse y sacar lo mejor de sí mismos. Y esto se consigue leyendo, aprendiendo, observando y reflexionando sobre este rasgo que disfrutan un 20-30% de la población.

Acompañar este proceso es apasionante porque al final podremos ver sus magníficos frutos en forma de personas empáticas, entusiastas, perseverantes, ingeniosas, observadoras, intuitivas, investigadoras, curiosas, comprensivas, respetuosas, leales, reflexivas, creativas, íntegras, idealistas, luchadoras, trabajadoras, con alta capacidad de disfrute…¿se puede pedir más?

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Lara Fernández

Periodista especializada en Educación y maestra de Educación infantil

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