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Rabietas y límites desde el respeto

Por Amaya de Miguel

Rafa Guerrero: "El 99% de los padres quieren a sus hijos y quieren desarrollar un apego seguro, pero no todos pueden conseguirlo"

¿Qué es el apego? ¿En qué repercute a mi hijo el hecho de que desarrolle un apego seguro o inseguro? ¿Cómo podemos ayudar los padres? Rafa Guerrero, psicólogo, conversó hace unos días con Educar es todo a través de un IGLive y nos dio algunas pautas, porque, tal y como él mismo señala, el que nuestros hijos “salgan adelante de una situación complicada depende, en esencia, de nosotros, de los padres”.

¿Qué es el apego? No es sinónimo de dependencia. No hay que huir de él. Es sinónimo de relación, de vínculo, por tanto, siempre existe apego. Tampoco es sinónimo de amor ni de cariño, términos con los que también se confunde, según Rafa Guerrero. “No se tiene en grandes o pequeñas proporciones. No hay déficit ni exceso de apego. Se tiene. Es la relación que se da del niño con su figura de referencia, sea la que sea”. 

Hay cuatro tipos de apego: 

1.Seguro.

En esta relación la figura sabe gestionar adecuadamente la protección al ser indefenso y se fomentan correctamente la autonomía y los estímulos, conectando con las necesidades de nuestros hijos y validándoselas.

2. Inseguro.

“Aquí no hablamos de momentos puntuales, sino habituales”, dice Rafa Guerrero. Se produce cuando los padres no son sensibles a las necesidades de su hijo o no les dan lo que necesita en su justa medida. Muchas veces se confunde necesidad emocional con capricho, y la necesidad es imprescindible para la supervivencia y no se negocia. 

a) Inseguro ansioso ambivalente. Cuando hay un exceso de protección y un déficit de autonomía. Se genera sobreprotección y hay distintas formas de responder, una variabilidad que genera ansiedad porque no hablamos de ser predecibles ni seguros. Los padres se ahogan en sus emociones y se quedan sin estrategias. No ayudan a gestionar al niño, aunque tengan muy buena intención e implicación. Pero conectan con sus propios miedos infantiles y no son capaces de ayudar. No pueden. 

b) Inseguro evitativo. Cuando hay un exceso de autonomía y un déficit de protección. Aquí los padres fuerzan al niño a ser más maduro de lo que le corresponde o necesita y le exigen independencia. Se centra la educación en los resultados y se desconecta del mundo emocional. 

c) Inseguro desorganizado. Protección y autonomía en niveles mínimos. “Hay un caos en la psique del niño que le deja sin referencias. No fomentan que se equivoque ni que explore y esto es más difícil de reconducir, porque los padres apenas están presentes”, señala el psicólogo. 

¿Y qué podemos hacer los padres?

 

Para Rafa Guerrero, lo que no hay que hacer es negar la emoción. Porque en este caso “no impedimos que no lo sientan, sino que no lo expresen. Hay que estar disponible, accesible, sintonizar con la emoción en el grado exacto que él o ella lo siente, darle el valor que le da. No hay que darle más de lo que necesita, pero tampoco dejar de validarlo con el objetivo de que no sufran y lo pasen mal. Han de aprender a sufrir y a experimentar emociones de defensa, pero en presencia de los padres para que estén vacunados y el día de mañana reconozcan esas emociones y tengan estrategias. Porque ahora es en dosis pequeñas, pero el día de mañana será en dosis altas”, explica.

Es importante saber que, tal y como señala Guerrero, “el 99% de los padres quiere q sus hijos y quiere desarrollar un apego seguro, pero ni todos saben quererlos ni todos pueden conseguirlo”.  

Lo que sí podemos hacer es observarles con lo que el psicólogo define como la llamada “mirada incondicional”. “Es no condicionar ninguna necesidad. No juzgarles a ellos, sino a sus conductas. Trabajar las que no son adecuadas. No condicionar sus emociones, respetarles, pero hacerles responsables de lo que hacen o no hacen. No es pasarles todas, ni mucho menos, es no tocar su autoconcepto y que reparen su conducta”.

¿Un apego seguro es no poner límites?

Los límites, tal y como nos cuenta Rafa Guerrero, son una necesidad emocional tanto de niños como de adultos. Eso sí, cada uno los necesita en medidas distintas. “No debemos permitirles ciertas conductas”, incide, “siempre hay que poner límites, porque tanto la ausencia como el exceso de ellos van en contra del desarrollo emocional de nuestro hijo. Muchas veces los adultos decimos que se están portando mal, pero en realidad están haciendo una llamada de atención y lo que piden normalmente es tiempo o límites. Y tenemos que ser capaces de decodificarlo”.

Los estudios dicen que entre el 50-60% de las personas tiene apego seguro. No es cuestión de genética, sino de ambiente. La clave está en los adultos y no es tanto querer como poder".

Si te interesa cómo desarrollar un apego seguro en tus hijos, no te pierdas el curso que ofrece Rafa Guerrero en nuestra plataforma. Puedes encontrarlo aquí.

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