El viaje de la educación 3/3: Nuestro papel en el viaje

El viaje de la educación 1/3: El protagonista del viaje

El viaje de la educación 2/3: Las etapas del viaje

 

Como educadores no vamos a ser los protagonistas, pero eso no quiere decir que no podamos desempeñar otros papeles que pueden ayudar a nuestros héroes. Además, debemos tener en cuenta que podemos ir cambiando de rol. Hoy puede ser necesario que asumamos el papel de mentor, pero pasado mañana en aliados o, por qué no, en tramposos. Para ello, es importante que tengamos claras algunas de las figuras principales que encontramos en el viaje del héroe y, sobre todo, para qué sirven.

  • El heraldo. El heraldo es aquel personaje que anuncia la aventura. Es Gandalf cuando llega con noticias de que la Tierra Media está amenazada por fuerzas oscuras. Es C-3PO cuando enseña a Luke Skywalker una misteriosa grabación en la que la princesa Leia pide auxilio. Nosotros podemos ser heraldos, también. ¿Cómo? Planteando posibilidades que reten a nuestros hijos, por ejemplo. «¿No te gustaría aprender a tocar algún instrumento musical?». «Veo que te gustan mucho los videojuegos, ¿sabes que hay un taller de programación en el colegio?». Se trata de comprobar si en alguna de esas llamadas hay dudas. Si su respuesta es «No, gracias», es posible que no esté llamado a ello. Por el contrario, si hay un atisbo de duda… «¿Tú crees que yo podría aprender a diseñar un videojuego?». Ahí hay un principio. Y, entonces, habremos cumplido muy bien con nuestro papel de heraldo. Como muchos profesores que han llamado a la aventura a sus alumnos al plantearles ser esto o lo otro al ver sus aficiones y capacidades.
  •  El mentor. Mentor es una palabra muy bonita. Proviene de la Odisea y es el nombre del anciano que ayuda a Telémaco en busca de su padre, Ulises. Ese anciano es, en realidad, la diosa Atenea disfrazada. Así, en el corazón de toda mentoría brilla una diosa que guía al héroe o a la heroína. Nosotros igual, podemos asumir el rol de mentores que dan consejos, instrucciones e inspiraciones. Solo debemos tener claro que el mentor no puede estar todo el viaje con el héroe. El mentor ayuda a cruzar el umbral y puede llegar a explicar cuáles son las reglas de ese mundo en el que está a punto de adentrarse, pero no puede ser un mentor-helicóptero. Todo mentor sabe que debe desaparecer para que el héroe se enfrente a sus propios dragones.

No podemos ser un mentor-helicóptero para nuestros hijos.

  • El aliado. Por supuesto, podemos comportarnos como aliados. Es decir, entendiendo, comprendiendo y empatizando con el héroe. Pero el aliado no es un mentor. Un mentor es Gandalf o es Dumbledore, no es Hermione o Ron. El aliado está a la misma altura que el héroe en cuestiones de conocimientos del nuevo mundo. No podemos ser aliados y mentores a la vez. Los aliados, normalmente, comparten inexperiencia con el héroe. Otra cosa es que no nos convirtamos en des-aliados, si se me permite esta palabra. En un obstáculo en mitad del camino del héroe, en un guardián del umbral.
  • El guardián del umbral. Si el mentor, de alguna manera, ayuda al héroe a cruzar el umbral, los guardianes ponen dificultades. No dejan entrar al héroe al nuevo mundo. Custodian la puerta. Esto pasa con muchos padres y madres que, sin querer, se convierten en guardianes. Lo hacemos, por ejemplo, cuando nuestro hijo nos pide hacer una actividad, pongamos Taekwondo, y nosotros decimos que no, que eso es muy peligroso y que no nos gusta ese deporte. Puede parecer extraño, pero a nuestra medalla de plata en las Olimpiadas de Tokio, Adriana Cerezo, sus padres no la dejaban hacer Taekwondo y fue su abuelo quien la llevó, a escondidas, al gimnasio donde la campeona cruzó el umbral. En este caso, los padres actuaron de Guardianes del Umbral y el abuelo de Mentor o ayuda sobrenatural que facilitó que Adriana entrase en el mundo especial que la llevaría a la medalla olímpica.
  • El tramposo. Este es un rol muy interesante y no tiene por qué estar asociado con el villano, el enemigo o alguien cuya única intención sea dañar al héroe. Por el contrario, en muchas ocasiones, es gracias a los engaños del tramposo que el protagonista se ve en situaciones que le desafían y que le obligan a sacar lo mejor que lleva dentro. Esto lo hacemos, por ejemplo, cuando les decimos que si se levantan de la cama durante la noche de reyes es posible que no les dejen regalos. Y ahí se quedan, superando sus miedos y sus ganas de venir a nuestra cama. Engañados es como descubren que pueden pasar la noche solos. Así que el tramposo puede ser un buen papel para nosotros si sabemos cómo usarlo y para qué.

Como educadores, también podemos hacer nuestro propio viaje el héroe, porque todos llevamos dentro una mejor versión de nosotros mismos que vale la pena traer al mundo.

Hay más roles, sin duda, como el enemigo, el adversario, la figura cambiante, la sombra… Pero con estos ya podemos hacernos una idea de las posibilidades que nos da conocer el viaje del héroe y sus roles principales. Lo importante es saber que, como educadores, debemos potenciar su camino. Debemos acompañarlos a que se conviertan en los héroes y heroínas que pueden llegar a ser. Y que, nosotros, como educadores, también podemos hacer nuestro propio viaje del héroe. Porque sí, todos llevamos dentro una mejor versión de nosotros mismos que vale la pena traer al mundo. Y sí, toda aventura empieza con una llamada. Y, espero de corazón, que esta serie de tres artículos haya actuado como heraldo para que empieces, como mínimo, a dudar.

Picture of Lara Fernández

Lara Fernández

Periodista especializada en Educación y maestra de Educación infantil

Añade aquí tu texto de cabecera

Añade aquí tu texto de cabecera