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Si tú sabes usar Bizum, tu hijo puede aprender a dividir solo

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¿Habéis utilizado alguna vez Bizum? O por lo menos, ¿habéis oído hablar de ello? Bizum, para los más despistadillos, es una plataforma de pago mediante la cual podemos enviar y recibir dinero entre amigos, pagar en comercios online y donar a ONGs. Todo desde el móvil y de forma inmediata. Los usuarios españoles de esta plataforma ya superan los 14 millones. Es muy probable que algunos de ellos estéis leyendo este artículo.

 Y ahora lanzo una pregunta a quienes la habéis usado: ¿Quién os ha enseñado a usarla? ¿Habéis recibido alguna formación específica? Seguramente la respuesta sea no. En en la mayoría de los casos, habéis aprendido por vosotros mismos. Y esto es posible gracias a que tenemos todas esas habilidades que nos permiten aprender cosas de una forma autodidacta.

Analicemos esta experiencia con Bizum, ¿cuáles son esas habilidades, capacidades que nos han permitido aprender a usarlo por nosotros mismos?

  1. Aprendizajes previos. Haber utilizado previamente la aplicación de nuestro banco nos ha dado unos aprendizajes que hemos podido aplicar al usar Bizum.
  2. Confianza. Saber que otras veces hemos utilizado apps (aunque sean de otro tipo) de forma satisfactoria, nos da la confianza que necesitamos para lanzarnos a usar algo que, a priori, desconocemos.
  3. Persona que controla nuestro aprendizaje. En este caso, es la persona que nos ha propuesto usar esta herramienta, suele ser la que va a recibir esa transferencia a través de Bizum. Nos anima a usarla, nos da alguna orientación y, sobre todo, nos notifica que lo ha recibido correctamente, reforzando de esa manera nuestra confianza por haberlo hecho por primera vez, nosotros solos.
  4. Perseverancia: Podría ocurrir que la persona nos avise de que aún no le ha llegado ese dinero, sabríamos que hemos hecho algo de forma incorrecta y tendríamos que volver a intentarlo.

Para que todo este proceso de aprendizaje suceda, se tiene que haber dado una circunstancia muy importante: que sintiéramos que el reto que teníamos por delante era un reto ajustado a nuestras capacidades. Sólo si nos sentimos capaces podremos dar el paso y afrontar el reto de forma satisfactoria. Además, esta experiencia positiva aumentará nuestra motivación por aprender (la motivación nace de la emoción por aprender y se consolida experimentando esa sensación de haberlo logrado por uno mismo).

Este ejemplo puede trasladarse a nuestros hijos e hijas.  Cambiemos Bizum por, por ejemplo, una división. Hay muchos niños que aprenden a dividir por sí mismos. Y no es raro, tienen todas las habilidades que les permiten aprender a hacerlo de forma autodidacta:

  1. Aprendizajes previos. Saben sumar, restar y multiplicar, que son las operaciones que requiere una división.
  2. Confianza. Ellos ya han vivido esta experiencia porque tuvieron que aprender a restar, y en ese momento seguro que se ayudaron de todo lo que sabían de la suma y se dieron cuenta que podían dar ese pasito más. También fueron capaces de darlo cuando aprendieron a multiplicar… Por tanto, tienen confianza en que, si saben sumar, restar y multiplicar, seguro que pueden aprender a dividir.
  3. Persona que controla nuestro aprendizaje. En este caso, será la profesora o profesor, o alguien de su familia, esa persona que les anima a aprender, que les da esas pequeñas pistas u orientaciones que les permiten encontrar el camino para resolver el reto por si mismos y, además, les muestran los posibles errores para que aprendan de ellos.
  4. Perseverancia: Para seguir intentándolo hasta que les salga bien, y hasta que sientan que dominan la nueva operación.

Qué podemos hacer las madres y padres para fomentar esa actitud autodidacta

La actitud autodidacta no es innata. Hay que trabajarla para potenciarla, y aquí tenemos un papel fundamental las madres y padres. Los orientadores del método Kumon nos ofrecen algunos consejos fundamentales en este proceso:

  • Seamos pacientes, el proceso de aprendizaje siempre es a medio – largo plazo.
  • Tengamos en cuenta sus emociones y el efecto que podemos provocar con la valoración que hagamos de su proceso de aprendizaje.
  • No nos fijemos sólo en el resultado, descubre cómo aprende tu hijo, cómo mejora, cómo evoluciona, el esfuerzo que hace…
  • Planteemos retos adecuados a sus capacidades.
  • Guiemos sus pasos hacia objetivos concretos.
  • Impulsemos su desarrollo reconociendo cada día su esfuerzo.
  • Démosles autonomía. La sensación de haber logrado algo por uno mismo, incrementa las ganas de aprender.
  • Inculquemos desde casa rutinas y buenos hábitos de estudio.

Antonio Campoy, director de desarrollo de Kumon España, nos invita a reflexionar sobre este tema en un breve vídeo de 5 minutos:

María Dotor

María Dotor

Periodista
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