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Educar es todo

De 6 a 12 años

Historia de Sabela

Sabela está dejando su habitación un poco desordenada últimamente. Siempre le gustó tener sus cosas recogidas, pero parece que desde que nació Mario, su hermano pequeño, se ha vuelto un poco caótica.

Sus padres la riñen constantemente porque se encuentran cosas suyas por toda la casa y le dicen que están aburridos de decirle siempre lo mismo.

Cada vez que su madre está dando de mamar al bebé ella coge su flauta dulce y les dice que tiene que practicar y a menudo interrumpe el sueño del bebé. Su padre le ha llamado pesada.

Ella siente que tiene que recuperar su lugar preferente en el tiempo de mamá y papa. Está nerviosa y busca todo el rato que la miren haciendo cosas que sabe que les irritarán. Hoy hasta se sentó en el borde de la ventana y llamó a su madre para enseñarle el buen equilibrio que tenía.

Sus padres, después del susto, han visto que Sabela cree que ya no le atienden suficiente y han decidido pasar más tiempo a solas con ella, retomar actividades que hacían los tres e involucrarla en los cuidados de Mario. Han hecho que se sienta útil e importante pidiéndole ayuda y opinión cuando hacen planes juntos o se presenta un problema. Ya encontró su lugar, es la hermana mayor.

  • Acaparar conversaciones, interrumpir, malos comportamientos muy explícitos y exagerados, pero sin una emoción asociada, como un portazo sin un enfado real.
  • Teatralidad a nivel emocional: chantaje psicológico con dolores, malestares, necesidades…
  • Utilizar estrategias de atención en torno a necesidades básicas: retrocesos en rutinas ante la llegada de nuevos hermanos o fallar en algo que ya habían aprendido.
  • Malas conductas de forma consciente centradas en algo importante para nosotros: suspender, aseo, orden, modales… Prefieren una reprimenda a que les ignoremos.

En esta etapa nuestros hijos amplían su mundo cada día, con nuevas actividades y más amigos. Como ya adelantamos, en años anteriores habrán aprendido a tomar decisiones en base a sus interpretaciones según sus vivencias, por lo que pueden llegar a esta etapa con sus percepciones equilibradas respecto a la atención o, por el contrario, convencidos de que no se les atiende de manera suficiente.

Si es así, las llamadas de atención serán un recurso de supervivencia para decir de forma inadecuada: “estoy aquí, tenedme en cuenta”.

  • Trabajar de forma diaria su inclusión en todas las actividades posibles.
  • Pedirles ayuda para transmitir que son importantes en la familia.
  • No restar importancia a las cosas que para ellos sí son relevantes.
  • Revisar cuánto tiempo estamos a solas con ellos y a qué lo dedicamos (estar juntos para hacer los deberes no es tiempo especial).
  • Escuchar sus quejas, sugerencias y opiniones desde la horizontalidad. Dejar que exprese sus emociones sin juzgarlas, intentar cambiarlas o anularlas.
  • Preguntarle a menudo si está de acuerdo o no con algo. Hacerle preguntas abiertas que supongan un reto, de forma que sientan que nos importa escucharlos y al mismo tiempo les ayudemos a buscar su propio criterio.
  • Darle la misma importancia a sus espacios, rutinas y cosas que a las nuestras.

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